¿Por qué cada vez nacen menos niños en México? Lo que revela el cambio demográfico del país

¿Por qué cada vez nacen menos niños en México? La caída de la natalidad cambiará el mercado laboral, las pensiones y la economía del país.

Durante décadas, México fue un país de familias numerosas. En 1960, una mujer tenía en promedio casi siete hijos. Hoy, esa cifra se ubica por debajo de dos, de acuerdo con datos de organismos internacionales y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

No se trata de un fenómeno aislado ni exclusivo de México. Países de distintas regiones del mundo atraviesan una transición demográfica caracterizada por una menor natalidad y un aumento en la esperanza de vida. La diferencia es que este cambio ya comenzó a modificar la estructura de la población mexicana y tendrá efectos económicos y sociales durante las próximas décadas.

El tema volvió recientemente a la conversación pública tras la difusión de un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que exploró las razones por las que cada vez más jóvenes deciden no tener hijos.

No es una sola razón

La investigación identifica distintos factores detrás de esta decisión.

Entre ellos aparecen la incertidumbre económica, el elevado costo de la vivienda, la inestabilidad laboral, las preocupaciones por el cambio climático y la salud mental.

Pero también surge un elemento que merece atención: una mayor conciencia sobre las implicaciones que tiene la maternidad y la paternidad, especialmente en un contexto donde las tareas de cuidado siguen recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Más que una explicación única, el estudio muestra que la decisión de formar una familia está cada vez más influida por el contexto económico, laboral y social.

¿Qué significa que nazcan menos niños?

Cuando durante varios años nacen menos personas de las que se esperaban, la estructura de la población comienza a cambiar.

Hay menos niños, aumenta la proporción de adultos mayores y disminuye, gradualmente, la población en edad de trabajar.

A este proceso se le conoce como transición demográfica y México ya se encuentra en esa etapa.

No significa que el país vaya a quedarse sin población, sino que la composición de esa población será distinta.

¿Por qué importa?

Este cambio tendrá efectos en prácticamente todos los ámbitos de la vida.

En el mercado laboral, habrá menos personas jóvenes incorporándose a la fuerza de trabajo.

En el sistema de salud crecerá la demanda de atención para enfermedades asociadas con el envejecimiento.

Las pensiones enfrentarán una presión cada vez mayor, ya que habrá proporcionalmente menos trabajadores financiando a una población jubilada más numerosa.

También aumentará la importancia de la llamada economía de los cuidados: quién cuida, cómo se organiza ese trabajo y quién asume sus costos.

No son cambios que ocurrirán de un día para otro, pero ya comenzaron.

Más allá de la natalidad

Reducir esta conversación únicamente al número de hijos que tienen las familias sería simplificar un fenómeno mucho más amplio.

La disminución de la natalidad refleja transformaciones económicas, culturales y sociales que están modificando los proyectos de vida de las nuevas generaciones.

Comprenderlas será fundamental para diseñar mejores políticas públicas, adaptar los mercados laborales y responder a una población con necesidades muy distintas a las de hace apenas unas décadas.

Más que preguntarnos únicamente por qué cada vez nacen menos niños, quizá también convenga preguntarnos qué condiciones están influyendo para que las nuevas generaciones tomen decisiones diferentes a las de sus padres.


Para seguir leyendo

En esta edición de Tiempo a Solas, Claudia Castro abre una reflexión a partir del estudio de la UNAM: ¿qué están viendo las nuevas generaciones en nosotras que no quieren repetir?

Porque detrás de las estadísticas también hay historias, decisiones y cambios que vale la pena entender.