Lo que no se menciona, no existe: Dignificar la economía del cuidado este 8M

Cada 8 de marzo, las redes sociales se inundan de flores y frases sobre la “fortaleza femenina”. Sin embargo, en Hablemos de Dinero creemos que la verdadera dignificación de la mujer no viene de los adjetivos, sino del reconocimiento de su tiempo y su valor económico. Hoy ponemos sobre la mesa el tema que sostiene a México, pero que el sistema prefiere mantener en silencio: la economía del cuidado.

economía del cuidado

Dignificar a la mujer este 8M implica, primero, reconocer que gran parte de la riqueza de este país se construye sobre los hombros de mujeres que no reciben un sueldo por su labor más importante. Para poder valorar esta labor, hay que sacarla del terreno del “afecto” y ponerla en el terreno de los datos.


¿A qué le llamamos realmente economía del cuidado?

A menudo se confunde el cuidado con “hacer el quehacer”, pero es un concepto mucho más profundo y vital para la sociedad. La economía del cuidado abarca todas las actividades que garantizan el bienestar físico, psicológico y emocional de las personas. Según la definición de la ONU Mujeres, este trabajo es esencial para que el resto de la economía funcione, pues permite que la fuerza de trabajo esté alimentada, sana y educada.

  • Cuidados directos: Atender a hijos, personas con discapacidad o adultos mayores (especialmente relevante ahora que la pirámide poblacional en México está envejeciendo).
  • Cuidados indirectos: Gestión del hogar, limpieza, preparación de alimentos y administración de la logística familiar (la famosa “carga mental”).
  • Autocuidado: El tiempo necesario para que la propia cuidadora se mantenga funcional.

Los números que nos han ocultado

Para exigir, primero hay que medir. Gracias a la Cuenta Satélite del Trabajo no Remunerado de los Hogares de México del INEGI, tenemos cifras que son brutales y necesarias para dimensionar este subsidio invisible:

  1. Aporte al PIB: El trabajo no remunerado de cuidados y hogar representa el 24.3% del PIB nacional. Es una contribución mayor que la de sectores clave como la industria manufacturera o el comercio mayorista.
  2. Distribución desigual: De ese valor generado, las mujeres aportamos el 75%. Básicamente, las mexicanas estamos subsidiando el desarrollo del país con nuestro tiempo de vida.
  3. La brecha de horas: Mientras que los hombres dedican en promedio 15.9 horas a la semana a estas labores, las mujeres dedicamos en promedio 42.8 horas. Es decir, tenemos una jornada laboral de tiempo completo invisible antes de siquiera empezar nuestro trabajo remunerado.

El costo de “estar para todos”: La pérdida de ingresos

Dignificar esta labor no significa que todas las mujeres deban salir a trabajar fuera; significa reconocer que el tiempo que una mujer invierte en casa tiene un coste de oportunidad altísimo. De acuerdo con informes de la CONDUSEF, la falta de reconocimiento de este trabajo es una de las principales causas de la brecha de género en las pensiones y construcción de patrimonio.

En México, se estima que las mujeres perdemos una parte considerable de nuestro potencial de ingresos de por vida por las interrupciones relacionadas con los cuidados. Esto se traduce en:

  • Menos ahorro en el Afore: Al no cotizar, sacrificamos el poder del interés compuesto para nuestra vejez.
  • Vulnerabilidad patrimonial: Sin ingresos propios, la capacidad de adquirir bienes o créditos queda sujeta a la voluntad de terceros.

Si le pusiéramos un valor de mercado a lo que una mujer mexicana hace en su casa, cada una debería percibir aproximadamente $80,000 MXN anuales (valor neto del trabajo no remunerado por persona). Cuando esta cifra no se menciona, la labor se minimiza y la mujer se vuelve invisible en las decisiones económicas del hogar.

Del “gracias” a la retribución: Justicia financiera

Este 8 de marzo el enfoque debe ser claro: la labor del cuidado debe ser reconocida, dignificada y mencionada. No se trata de “ayudar” en casa, se trata de corresponsabilidad y justicia. Si una mujer realiza la labor de cuidado, la familia ahorra dinero real (en guarderías, enfermeras o servicios). Por lo tanto, ese ahorro debe verse reflejado en su seguridad financiera personal.

Dignificar implica que:

  • Se mencione el valor: Hablar en familia sobre cuánto costaría contratar externamente lo que ella gestiona internamente.
  • Se retribuya en patrimonio: Que quien genera el ingreso líquido asegure el retiro y la salud de quien genera la infraestructura del hogar (cuentas de inversión a su nombre, aportaciones voluntarias al Afore o un seguro de vida robusto).
  • Se legisle la corresponsabilidad: Apoyar iniciativas como el Sistema Nacional de Cuidados, que busca que el Estado también asuma su parte de la carga.

Lo que no se mide, no se puede cambiar


Reconocer la economía del cuidado es el primer paso crítico para la verdadera libertad financiera femenina en el México de 2026. No podemos seguir permitiendo que el trabajo que sostiene la vida, la salud y la formación de las nuevas generaciones sea el mismo factor que empobrece a las mujeres al llegar a la vejez. Este 8 de marzo, la invitación de Hablemos de Dinero es a romper el silencio estadístico y familiar. No se trata de una lucha contra el hogar, sino de una lucha por la transparencia dentro de él.

Dignificar esta labor implica aceptar que, si una mujer decide dedicar su tiempo a los cuidados, está realizando una inversión de capital humano invaluable para la sociedad. Por ello, el derecho a una jubilación digna, al acceso a servicios de salud de calidad y a una reserva de ahorro personal no deberían ser beneficios exclusivos de quienes tienen un recibo de nómina tradicional.

Este 8M, antes de cualquier celebración, miremos los números. Hagamos que la economía del cuidado exista en la conversación pública, en las leyes y en las cuentas bancarias. Porque cuando una mujer sabe cuánto vale su tiempo, deja de aceptar menos de lo que merece y comienza a exigir las condiciones necesarias para prosperar sin sacrificar su futuro. La dignidad empieza por reconocer que, en esta casa y en este país, nada se mueve ni se sostiene sin el esfuerzo diario de nosotras. Es hora de que esa factura invisible finalmente se reconozca y se honre con justicia financiera.