México antes del TLCAN: cuando un Nintendo o unos Levi’s eran casi un lujo

¿Recuerdas cuando traer un Nintendo o unos Levi’s de Estados Unidos era un evento? Así era México antes del TLCAN, y así podría cambiar de nuevo.

México antes del TLCAN

Piensa en la última vez que fuiste al súper y te detuviste frente al anaquel de shampoo. Diez marcas. Veinte presentaciones. Importadas, nacionales, “de especialidad”. Probablemente elegiste en treinta segundos y seguiste tu camino.

Eso que parece tan normal tiene una historia detrás que muchos no conocen, o que quienes nacimos en los ochenta ya olvidamos.

Antes de 1994, ese mismo anaquel se veía muy diferente. Pocas opciones. Precios sin competencia real. Y si querías algo que en Estados Unidos era básico, como un chocolate Hershey’s, unos tenis Nike o un Walkman Sony, tenías que conocer a alguien que viajara al extranjero o en muchos casos recurrir a la fayuca.

Entender por qué el mercado era así, y lo que cambió con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), no es un ejercicio de nostalgia. Hoy que la revisión del T-MEC está sobre la mesa y con ella la posibilidad de que los precios en México se muevan, vale la pena entender cómo llegamos aquí.


La lógica detrás del país cerrado

Durante gran parte del siglo XX, en México antes del TLCAN siguió un modelo económico conocido como sustitución de importaciones. La idea era proteger la industria nacional: si el país producía sus propios bienes, dependía menos del exterior y generaba empleos internos.

Para lograrlo, el gobierno estableció aranceles altos, permisos especiales de importación y restricciones que hacían muy difícil y muy cara la entrada de productos extranjeros. Muchas empresas internacionales simplemente no operaban en México. Las que sí lo hacían, vendían a precios que pocas familias podían pagar.

En teoría, el consumidor protegía a la industria nacional comprando lo que había. En la práctica, también tenía muchas menos opciones y pagaba más por productos que en otros países eran comunes.


La fayuca: el mercado informal que nadie nombraba en voz alta

En México antes del TLCAN existía una palabra que formaba parte del vocabulario cotidiano: fayuca.

Se usaba para describir productos extranjeros que ingresaban al país por canales informales o que alguien había comprado en el otro lado y revendía aquí. No era marginal. Era un sistema paralelo con puestos, redes y hasta cierta especialización por producto: en una parte del mercado encontrabas ropa americana, en otra electrónicos, más allá videojuegos.

En ciudades fronterizas el fenómeno era todavía más visible. Para muchos niños de esa época, tener un Nintendo original o unos tenis Nike era casi un símbolo de estatus, no porque fueran artículos de lujo en Estados Unidos, sino porque traerlos a México antes del TLCAN tenía un costo extra que los volvía escasos.

Lo interesante de la fayuca no es el mercado informal en sí, sino lo que revelaba: había demanda real de productos que el país no podía ofrecer a precios razonables. El consumidor encontraba la manera, con o sin el sistema.


Qué cambió con el TLCAN en 1994

El primero de enero de 1994 entró en vigor el TLCAN entre México, Estados Unidos y Canadá. El tratado eliminó gradualmente aranceles y barreras comerciales entre los tres países. Eso transformó la economía mexicana de maneras que hoy damos por sentadas:

Llegaron empresas que antes no operaban aquí. Aumentó la inversión extranjera directa. Se instalaron plantas manufactureras orientadas a la exportación. Y los consumidores comenzaron a encontrar en los anaqueles una variedad que antes simplemente no existía.

No ocurrió de golpe. Fue un proceso de años. Pero el resultado es el que hoy vivimos: un mercado con opciones reales, precios más competitivos y productos que llegan al país sin que nadie tenga que cruzar la frontera con una maleta llena de encargos.


Del TLCAN al T-MEC: la historia sigue

En 2020, el TLCAN fue sustituido por el T-MEC, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Más que una renovación, fue una actualización que endureció ciertas reglas, especialmente en el sector automotriz y en contenido regional.

Y ahora, en 2026, ese acuerdo está en revisión formal. La primera evaluación del T-MEC, estipulada en su artículo 34.7, estaba programada para este mes de julio. Aunque técnicamente es una revisión y no una renegociación, la diferencia de palabras no es inocente: hablar de renegociación genera presión y da ventaja negociadora a quien la usa, y Estados Unidos lo sabe bien.

Lo que está en juego no es menor. El T-MEC representa alrededor del 30% del PIB mundial y casi 1.93 billones de dólares en comercio regional. Para 2025, México volvió a posicionarse como el principal origen de importaciones de Estados Unidos con 219.5 mil millones de dólares, superando a China y a Canadá.

Eso significa que la relación comercial entre ambos países es profundamente interdependiente. Pero también que cualquier cambio en las reglas puede tener consecuencias directas en los precios que los mexicanos pagamos.


Lo que podría cambiar en tu carrito del supermercado

Aquí es donde el tema deja de ser abstracto.

Si la revisión del T-MEC deriva en cambios a las reglas de origen o en ajustes arancelarios, los costos adicionales no serían absorbidos en su totalidad por las empresas: se trasladarían al consumidor final.

Los sectores más expuestos son aquellos con mayor integración regional: automotriz, alimentos procesados, electrónicos, textiles. Cualquier incremento impacta directamente tanto a consumidores como a pequeños comerciantes, que muchas veces operan con márgenes muy ajustados y poca capacidad de absorber alzas sin trasladarlas al precio.

No estamos hablando de volver a los tiempos de la fayuca. Pero sí de un escenario donde ciertos productos importados, o fabricados con insumos importados, podrían encarecerse.


Un ejercicio para mirar diferente lo que ya tienes

La próxima vez que vayas al supermercado, detente un momento frente a cinco productos distintos: café, yogurt, shampoo, cereal, lo que sea. Observa cuántas marcas hay, cuáles son mexicanas, cuáles importadas, cuánto varía el precio entre opciones.

Ahora imagina ese mismo recorrido en 1985, en México antes del TLCAN. Probablemente encontrarías la mitad de las opciones, a precios sin competencia real.

Ese ejercicio no es para angustiarse ni para romantizar el pasado. Es para entender que lo que hay en el anaquel no es neutral: es el resultado de decisiones de política comercial que alguien tomó hace décadas, y que hoy se están revisando de nuevo.


La educación financiera también es entender el contexto

Hablar de comercio internacional puede parecer un tema para economistas. Pero el TLCAN cambió el precio del shampoo, las opciones de ropa y la facilidad con que compramos electrónicos. El T-MEC puede cambiarlos de nuevo.

Eso no significa que haya que seguir cada titular de la renegociación. Sí significa que cuando escuches que “México y Estados Unidos están revisando el tratado comercial”, ya sabes que esa conversación tiene consecuencias muy concretas: los productos entre los que puedes elegir y cuánto cuestan.

Entender de dónde venimos, de un país donde unos Levi’s originales eran casi un lujo, ayuda a ver con más claridad adónde podríamos ir.