La brecha de género no empieza en el sueldo: así se construye a lo largo de la vida

La brecha de género va más allá del salario. Tiempo, cuidados, informalidad y pausas laborales pueden acumular desigualdad hasta el retiro.

Las diferencias económicas entre mujeres y hombres no aparecen de golpe. Se construyen durante décadas entre diferencias de tiempo, ingresos, cuidados y cotizaciones, y pueden terminar reflejándose en pensiones más de 35% menores para ellas.

Cuando hablamos de brecha económica entre mujeres y hombres solemos pensar primero en el salario, pero mirar solamente el sueldo deja fuera buena parte de la historia.

En México, por cada 100 pesos que percibe un hombre por su trabajo, una mujer recibe en promedio 86, de acuerdo con el Monitor Mujeres en la Economía 2026 del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Sin embargo, la desigualdad económica también se construye a partir del tiempo disponible para trabajar, las interrupciones de la trayectoria profesional, el tipo de empleo al que se puede acceder, la informalidad, las responsabilidades de cuidados y, eventualmente, las posibilidades de ahorrar, cotizar para la seguridad social y construir patrimonio.

Ninguno de estos factores explica por sí solo la brecha de género; el problema aparece cuando se acumulan durante años.

La primera diferencia está en el tiempo

Antes de hablar de dinero vale la pena hablar de otro recurso limitado: el tiempo.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del INEGI muestra que las mujeres dedican en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario no remunerado.

Los hombres destinan 18.2 horas, es decir, son más de 21 horas de diferencia cada semana y ese tiempo también tiene un valor económico.

La Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México estimó que en 2024 las labores domésticas y de cuidados representaron el equivalente a 23.9% del PIB nacional.

En promedio, el trabajo no remunerado realizado por cada mujer representó una aportación equivalente a 82 mil 339 pesos anuales al bienestar de su hogar.

Aunque el trabajo existe y el valor también, no necesariamente existe un ingreso asociado a él.

Cuando cuidar modifica la trayectoria laboral

La desigual distribución de los cuidados también ayuda a entender por qué mujeres y hombres no siempre recorren el mercado laboral en las mismas condiciones.

La participación laboral femenina se ubicó en 51.2% durante el primer trimestre de 2025, de acuerdo con la OCDE.

La brecha de participación respecto de los hombres fue de 30.1 puntos porcentuales, una de las más altas entre los países de la organización.

La maternidad es uno de los momentos en los que estas diferencias pueden hacerse particularmente visibles, aunque no es el único.

Cuidar hijos, atender familiares mayores o asumir una mayor proporción del trabajo doméstico puede modificar el tiempo disponible para trabajar, viajar, capacitarse o asumir nuevas responsabilidades profesionales.

Eso puede traducirse en pausas laborales, reducciones de jornada o en la búsqueda de trabajos con mayor flexibilidad.

Y a pesar de que ninguna de esas decisiones es necesariamente negativa, el punto es que también pueden tener consecuencias económicas.

Flexibilidad, emprendimiento e informalidad: lo que resuelve hoy puede costar mañana

Para muchas mujeres, trabajar por cuenta propia o emprender representa una manera de construir una actividad económica compatible con otras responsabilidades.

La flexibilidad puede ser justamente lo que permite permanecer en el mercado laboral, pero no toda flexibilidad ofrece las mismas condiciones.

Más de la mitad de las mujeres ocupadas en México trabaja en la informalidad, de acuerdo con IMCO y análisis previos del Instituto han mostrado una mayor presencia del trabajo por cuenta propia entre las madres: en 2023, tres de cada diez madres ocupadas trabajaban de esta manera, frente a una de cada diez mujeres sin hijos.

Trabajar por cuenta propia no significa necesariamente estar desprotegida ni implica automáticamente informalidad, pero tampoco emprender representa por sí mismo una desventaja económica, la diferencia está en las condiciones.

Cuando un trabajo no incorpora seguridad social, ahorro para el retiro, vacaciones pagadas u otras prestaciones, la flexibilidad que resuelve una necesidad inmediata también obliga a construir esas protecciones por otras vías, algo que no siempre ocurre.

Una pausa laboral puede seguir teniendo efectos después de regresar

Interrumpir una trayectoria profesional tiene un costo evidente: el ingreso que deja de recibirse durante ese periodo, pero también puede haber otros efectos menos visibles.

La OCDE advierte que las pausas laborales pueden modificar la trayectoria futura de ingresos porque también afectan la experiencia acumulada, el desarrollo de habilidades y el avance profesional.

Por eso regresar al mercado laboral no necesariamente significa regresar exactamente al punto donde se dejó. Durante la ausencia, otras personas continuaron acumulando experiencia, incrementos salariales, promociones, contactos profesionales y aportaciones a la seguridad social.

En la literatura económica, una parte de las diferencias que aparecen después del nacimiento de los hijos se estudia bajo el concepto de motherhood penalty o penalización por maternidad.

El término no significa que tener hijos produzca inevitablemente una pérdida económica, describe un fenómeno observado en distintos mercados laborales en donde después de convertirse en madres, las trayectorias de ingresos y empleo de muchas mujeres tienden a separarse de las de los hombres y de las mujeres sin hijos.

La brecha de género tampoco termina en el salario

Las diferencias acumuladas durante la vida laboral pueden trasladarse a otros ámbitos.

Un ingreso menor reduce la capacidad potencial de ahorro y una trayectoria interrumpida puede reducir los periodos de cotización.

Trabajar durante algunos años fuera de la formalidad puede significar períodos sin aportaciones a la seguridad social y una menor acumulación de ahorro e inversión puede terminar afectando la construcción de patrimonio.

No existe una cifra única que permita calcular cuánto pierde una mujer mexicana a lo largo de su vida por todos estos factores. Las trayectorias son demasiado distintas y las decisiones familiares, laborales y económicas interactúan de maneras diferentes, pero sí existe un lugar donde parte de esas diferencias acumuladas se vuelve particularmente visible.

Al final de la vida, la desigualdad aparece en la pensión

México se encuentra entre los países de la OCDE con mayor brecha de género en pensiones.

De acuerdo con Pensions at a Glance 2025, las mujeres reciben pensiones mensuales más de 35% inferiores a las de los hombres.

La diferencia no surge al momento de jubilarse sino que es el resultado de lo ocurrido durante décadas.

La Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR) ha identificado tres factores especialmente relevantes para explicar esta desigualdad en México: menores trayectorias salariales, menor densidad de cotización y mayor esperanza de vida de las mujeres.

En un ejercicio sobre el sistema mexicano, la Comisión estimó que la combinación de estos factores puede significar una pensión 41.6% menor para una mujer respecto de un hombre, antes de considerar la pensión garantizada.

La cifra no significa que todas las mexicanas recibirán una pensión 41.6% menor, pero sí permite dimensionar lo que puede ocurrir cuando las diferencias de salario y cotización se acumulan durante décadas.

Las brechas económicas se construyen poco a poco

Trabajar menos horas, hacer una pausa, elegir flexibilidad, emprender, dedicar más tiempo a los cuidados, cambiar de empleo o cualquier decisión que se tome en el camino laboral no es en sí misma un error financiero.

Muchas pueden responder exactamente a la vida que una persona quiere construir y es por ello la autonomía financiera no debería confundirse con elegir siempre aquello que maximiza los ingresos.

También implica conocer las consecuencias económicas de nuestras decisiones, contar con alternativas y tener margen suficiente para asumirlas.

Las diferencias económicas entre mujeres y hombres pueden empezar siendo pequeñas: algunas horas, algunos meses fuera del mercado laboral, una oportunidad que no se tomó o algunos años sin cotizar, pero el tiempo también acumula esas diferencias.

Por eso, además de preguntarnos cuánto ganan hoy las mujeres frente a los hombres, quizá necesitamos hacer una pregunta más amplia:

¿Con cuánto margen económico llega cada uno al final de su vida?

Para seguir la conversación

Detrás de estas cifras también hay decisiones que muchas veces parecen pequeñas cuando las tomamos: una oportunidad que dejamos pasar, una pausa que se prolonga, un trabajo que elegimos por su flexibilidad o una responsabilidad que asumimos porque alguien tenía que hacerlo.

En la próxima edición de Tiempo a Solas, Claudia Castro lleva esta conversación a otro terreno: ¿cuánto te ha costado hacerte pequeña?